Tú no respetas a las mujeres. Les temes.

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Un ataque automático que me hacen es decir que odio a la mujer solo porque las respeto lo suficiente para tratarlas igual que a un hombre.

Dejar de criticarlas o señalar sus errores no es respeto, es temor.

El miedo es lo que impulsa a casi todos los hombres a cerrar la boca ante una estupidez o el abuso e injusticia de una mujer y atacar a quienes las exponen. El miedo a no obtener la aprobación ginocéntrica.

Por miedo a no tener la aprobación femenina muchos hombres hacen de todo.

Ese temor los impulsa a “superarse”, que en el argot popular no significa que el hombre alcanzará un mayor nivel de bienestar emocional, espiritual o físico, sino que trabajará más duro para obtener recursos con los cuales ser digno de la atención y aprobación de la mujer.

Este miedo nace con el condicionamiento que el niño varón tiene de su madre.

Se le entrena a ser obediente y buscar su aprobación. Ese condicionamiento se pasa como un testamento de madre a la novia, a la prometida y a la esposa. Es uno de los 5 pilares del poder de la mujer, una fuerza a ser reconocida y respetada.

Los hombres no son ciegos a esta realidad. La sabiduría popular recoge este hecho en expresiones y relatos como “La mano que mece la cuna gobierna el mundo”.

Pero oponerse a este poder fáctico les es imposible. No saben como ni tienen el valor de intentarlo.

Por eso odian cuando otro varón que se ha liberado de sus cadenas ginocéntricas les recuerda su condición de animales productivos y herramientas desechables rompiendo la burbuja de idealización que han lanzado sobre la mujer.

Es más fácil enojarse con el mensajero que aceptar la dureza del mensaje

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