Las Verdaderas Razones para NO CASARTE

Uno de los puntos centrales que estimulan la actual huelga de hombres contra el matrimonio son las leyes gubernamentales de DIVORCIO. Cualquier hombre que considere las leyes del matrimonio y el subsecuente divorcio encontrará que es una posición razonable rechazar un negocio que pone a los hombres en serios riesgos de perder hasta la vida, a juzgar por las desorbitantes estadísticas de suicidio entre los divorciados.

 

FELICES PARA SIEMPRE

 

Para señalar algunos puntos que son parte del incesante reclamo de los hombres MGTOW y parte del movimiento MRA contra las condiciones actuales del injusto arreglo matrimonial moderno:

  • Pérdida de hijos.
  • Pérdida de propiedades.
  • Pérdida de ingresos económicos.
  • Pérdida de libertades para transitar y viajar.
  • Pérdida de tu buen nombre y reputación en el fango judicial.
  • Pérdida de tu libertad y la propia vida.

 

Todo esto es resultado de un sistema legal que abusa sistemáticamente de los hombres en las cortes de divorcio diariamente mientras la sociedad se da palmadas de satisfacción en la espalda por proteger los privilegios de las mujeres.

Al mismo tiempo, las feministas advierten a las mujeres de evitar casarse por el motivo de siempre: El «Patriarcado«. Incluso a pesar de que toda la evidencia objetiva DEMUESTRA que las mujeres son las mayores beneficiadas en este contrato social y legal. En ese sentido, hay que agradecer al feminismo por hacer a las mujeres modernas menos inclinadas al matrimonio y salvar indirectamente la vida de miles de hombres.

MRA y MGTOW han estado documentando los peligros del matrimonio desde hace mucho tiempo, por lo que no quisiera llover sobre mojado. NO OBSTANTE considero que hace falta señalar un punto fundamental para el beneficio de los hombres que aún se convencen a sí mismo de que, del alguna manera, son INMUNES a las trampas del sistema legal, o que la mujer que eligieron es un unicornio incapaz de utilizar las armas que el sistema legal ha diseñado para que en un movimiento legal sea capaz de destruir su vida y a sus hijos en el proceso de divorcio.

 

El Matrimonio no se trata de que seas un buen hombre.

COMENZARÉ con esta simple declaración polémica.

Aún si las corruptas leyes del Derecho de Familia fueran mágicamente corregidas en un instante. Aunque las órdenes de alejamiento requirieran pruebas. Aunque las Pensiones Alimenticias se eliminaran y la Custodia Compartida se volviera la condición legal normal. A pesar de todo la mayoría de los hombres estarían mejor sin casarse o aún sin vivir con una mujer, especialmente con aquellas cuyas relaciones se basan en las nociones del amor romántico.

Por unos minutos dejemos de lado las obvias preocupaciones sobre lo que la legislación matrimonial le puede hacer a un hombre. Hablemos por ahora sobre lo que las relaciones a largo plazo (LTR) que son fundamentadas en el amor romántico, especialmente donde la caballerosidad es una fuerza que gobierna la relación.

Observemos dónde comienza la mayoría de relaciones románticas, y permíteme ser brutalmente honesto y cínico sobre cómo y cuando este amor romántico sucede. Aún si la mayoría de hombres no se permiten ser brutalmente honestos consigo mismos.

El amor romántico, orientado al matrimonio, comienza con un hombre compitiendo con otros hombres para presentarse a sí mismo como el mejor protector capaz y proveedor confiable para las mujeres. Considera de nuevo, despacio, lo que esto significa: en la balanza de ella, para desde el principio de la carrera, no se trata de QUIEN ERES sino del BENEFICIO que puedas aportarle.

No se trata de tu carácter como hombre, tu personalidad como individuo, tu decencia como ser humano o tu capacidad para amar, tu forma de comunicarte o dones para ser un buen padre. No se trata de tu apariencia o desempeño sexual. Esos últimos atributos cuentan cuando ella busca más bien tener sexo que un matrimonio. Lo cual dicho de otra manera, la apariencia y el vigor sexual solamente le ayudan a decidir con quién está dispuesta a engañarte.

Lo que da inicio a que puedas tener o no una relación formal y con miras a largo plazo es la capacidad de tu bosillo y tu disposición a subvencionarla a ella.

No importa quién seas, esta es la base fundamental que rige tus relaciones románticas con las mujeres. No niego que, hipotéticamente, podrían existir unicornios en algún lugar del planeta. Sin embargo, no dejarían de ser unicornios, es decir, una RARA EXCEPCIÓN infinitesimal a la regla y por tanto inútiles de factorizar en la corriente principal de engrandecimiento y entitulamiento neurótico que permea a las mujeres en la sociedad occidental.

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Observemos la imagen clásica del romántico momento cuando un hombre pide matrimonio a la mujer elegida.

¿Me dejas ser tu sirviente?

A menos que tengas un lazo mágico que te permita atrapar unicornios, o tengas la fortuna que las constelaciones se alineen a tu favor, lo que estás mirando no es simplemente una proposición de matrimonio, sino que estas mirando el MODELO que sigue la totalidad de la vida matrimonial.

Lo que solía ser un símbolo, una metáfora sobre tu disposición a ser un proveedor, es ahora tomada literalmente por LEGIONES de mujeres. Para ellas, esta posición no dice «Te amo y quiero casarme contigo», sino que significa «Te doy regalos porque te lo debo, tus deseos son más importantes que mis necesidades». Y su respuesta no es «Sí, quiero ser tu esposa» sino que es «Tienes toda la razón, me lo debes y pasarás el resto de tu vida pagando por ello».

Si no me crees, te invito a mirar de cerca las vidas de los hombres casados a tu alrededor. En lugar de tener el matrimonio colaborativo y feliz que supusieron, la inmensa mayoría terminaron cohabitando en el mismo espacio con ególatras cuya única habilidad en la vida es arengar a sus esposos para trabajar aún más duro para llenar sus inacabables demandas infantiles.

La mayoría de las veces las esposas tienden al abuso emocional, psicológico y eventualmente violencia física también. Aquí debo pausar para señalar que esta violencia no tiene la connotación mundana que la sociedad entiende. Es un tipo de violencia cotidiana a la cual los hombres casados se aclimatan y la normalizan hasta hacerla invisible, como el carnero que se acostumbra a soportar el granizo y la ventiscas que ponen en peligro su vida.

La cultura occidental exalta y normaliza el que las mujeres se salgan con la suya en cualquier circunstancia, y esto no solo no se considera una forma de ABUSO sino que de CELEBRA bajo la infame bandera de la aberración misándrica que hoy llaman «empoderamiento».

Ante esta normalización del abuso los maridos simplemente levantan los hombros y dicen «Bien, así son las mujeres, hay que amarlas con sus defectos». BIEN, ES VERDAD. Así son las mujeres, pero no nos engañemos que es lo correcto. La pregunta es, por qué los hombres se apresuran a aceptarlo, pero ya hablaremos luego del condicionamiento ginocentrista.

 

Dejaste tu camino. Ahora sigues SU CAMINO.

Una de los abusos que la mayoría de hombres casados normalizan en los mal llamados «matrimonios exitosos» es que la mayoría de las decisiones importantes -si no es que todas- que alteran su vida son tomadas por ella. Una realidad que las estadísticas demuestran sobre quien decide cual casa comprar, en qué ciudad vivir, cuál seguro contratar o cuál empleo debería tener, para mostrar algunos ejemplos.

Un hecho que no escapa a los economistas y expertos en mercadeo como Martha Barletta, autora del libro «Marketing para mujeres» quien señala que las estadísticas de consumo demuestran que el poder de decisión está en las mujeres hasta en un 85%. Nótese, que se trata del 85% de TODAS las compras, no solo las que se relacionan directamente con el hogar. Una vez que te casas, dile adiós a tu poder de decidir sobre el auto que conduces, los muebles que tienes, tu círculo de amistades y hasta tu alimentación y atuendos diarios.

Existe el cliché cómico de la pareja que camina por el centro comercial, donde ella lleva la tarjeta de crédito mientras él carga todas sus bolsas de compra. Bien, deberías saber que los estereotipos no nacen solos, sino que son el producto de una situación real repetida hasta el punto de volverse una caricatura en sí misma. Los «burros de carga» del mall existen.

Presentes todos los días en tu centro comercial más cercano.

Entre más examinas las realidades del matrimonio y el divorcio se vuelve más evidente que el divorcio solo es una frontera entre el escenario donde ella gasta tu dinero mientras sigues viviendo en la casa, y el siguiente escenario donde ella continúa gastando tu dinero después que te patearon fuera de tu casa.

Es posible que alguno piense: «Bien, en realidad no doy importancia a lo material y no me molesta que ella gaste mi dinero duramente ganado como le plazca». Sucede que esta es la misma racionalización que hacen los tipos sin espina dorsal quienes encuentran la forma de engañarse a sí mismos, pero no soy quien para juzgarles.

El hecho es tu valor como ser humano no deberia ser reducido al papel de un cajero automático. Especialmente cuando eres un cajero automático que no tiene permitido ocupar mucho espacio en SU casa, ni hacer ruido al respecto, a pesar de que técnicamente también es tu casa.

Después de años escuchando a maridos que aprendieron a sobrellevar su función utilitarista, dando consejos a los jóvenes de cómo adaptarse a sus esposas, a sus necesidades, a su clóset, a su cocina, a sus gastos, y cómo deben ceder y ceder y ceder para hacer… me doy cuenta de cómo la mente masculina racionaliza el hecho de que su espacio personal desaparezca viéndolo como un sacrificio noble en nombre de ser un «hombre bueno«.

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Es la misma racionalización que hacen los maridos a medida que ven a sus amigos desvanecerse de sus vidas, sus pasatiempos acumular polvo, y toda su vida enteramente reducida a nada más que un constante satisfacer lo que sea que la haga feliz. Mientras tanto, deben alimentar al hámster racionalizador con esteroides para conjurar una manera de vivir con el hecho de que cuando todo este hecho y dicho, es altamente probable que su esposa aún siga sin estar satisfecha.

La vida matrimonial con la vasta mayoría de mujeres occidentales modernas, no es más que una batalla por tu alma. Estas mujeres modernas nacieron y crecieron en una cultura romántica que les ha dicho desde pequeñas que los hombres les deben bajar la luna y las estrellas, y no pueden conformarse con menos que eso. Han sido alimentadas por una narrativa similar por feministas y tradicionalistas que les dice que están intituladas a tratar a los hombres como sirvientes y mayordomos, y que esto es parte del orden natural de la vida.

Cuando escuchas a los MGTOW y MRA referirse al matrimonio metafóricamente como una forma socialmente aceptada de esclavitud, se refieren a lo que EL ESTADO te puede hacer. Tu destino puede ser una prisión, o aún viviendo en libertad, dedicar la mayor parte de tu existencia futura a subvencionar los gastos de una persona que no tiene ya ninguna relación contigo. Tristemente, la gran mayoría de hombres son cómplices al promover este problema.

Señores, este es uno de los desafíos universales del matrimonio, uno de los peligros universales que tiene también, el perderte a ti mismo y asumir la identidad de un mandilón. Puedes considerarlo una miseria a pagar cuando tienes 21 años, eres inseguro y estás dispuesto a hacer de todo por mantener la ilusión de amor del objeto de tus deseos. Incluso puedes mirar en otra dirección para no notar que incluso en tu ilusión no hay espacio para tu auto respeto. Sin duda, lo verás muy diferente cuando tengas 41 años y encuentres desperdiciadas dos décadas de tu vida en alguien que te mira como menos que persona y sea difícil soportar mirarte al espejo y confrontar lo que te hiciste a tí mismo simplemente por no escuchar a tiempo la sabiduría de quienes cometieron los mismos errores.

No tienes que ser quien limpie los errores de los demás.

Reitero que aunque hipotéticamente existan algunos unicornios por ahi, en la mente de cada hombre enamorado su infatuación le lleva a convencerse de que precisamente sostiene un unicornio entre sus brazos. Y puedo apostar que cada uno de ellos, hasta el último de ellos, se equivoca.

Es verdad que necesitamos actualizar las leyes de derecho de familia si alguna vez pretendamos volver a tener seguridad en la institución matrimonial, pero también es verdad que necesitamos actualizar a las mujeres así como con el crecimiento de la nueva narrativa, los hombres comienzan a redefinirse a sí mismos.

Quisiera terminar con una historia contada por un amigo siquiatra, que además es judío, con la que explicaba la diferencia cultural entre un schlemiel, un schlimazel y un schmuck (tres palabras judías que en apariencia significan lo mismo).

La historia decia así:

«Tres tipos cenan sopa juntos.

El schlemiel es el torpe al que se le cae la sopa.

El schlimazel es el desafortunado al que le cae la sopa encima.

El schmuck es el sujeto que se agacha a limpiar todo».

Por favor, no seas el schmuck. No te cases, al menos no hasta que sucedan cambios fuertes en la ley. No tienes que agacharte a limpiar los desastres de alguien más. Tú vales como hombre ,como humano, como individuo único. No eres un cajero.

Mientras tanto, si realmente crees en el matrimonio y deseas casarte un día, lo que puedes hacer es colaborar para que esos cambios sucedan finalmente.

Cansado de la censura progre en mi página de Facebook y en mi Twitter he dedicido abrir este blog donde hablo de temas sobre la identidad masculina y los problemas sociales que afectan al hombre, aderezado con críticas de humor ácido hacia los absurdos de la sociedad post moderna occidental. Espero que lo disfrutes y te puedas unir a mi lista de correos para que no te pierdas ninguno de mis nuevos artículos.
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